Hay nombres que se escriben con la misma tinta que la historia de un club. El de Alberto «Pichi» Luque es uno de ellos.
Con 70 años y una vida que transcurre literalmente dentro del Club Atlético Huracán, el emblemático entrenador de inferiores abrió las puertas de su casa y su corazón a Pulso Urbano para repasar más de cinco décadas de pasión, en un nuevo episodio de «Buena Gente».
Del «peludo» al apodo eterno
Entre risas, Alberto recordó el origen de su sobrenombre: una anécdota de campo cuando, al atrapar un peludo, exclamó haber agarrado un «pichi». Desde aquel día, el niño que empezó a jugar en el club a los 7 años pasó a ser, para siempre, el «Pichi».
Una elección de vida: El fútbol por sobre todo
Tras estudiar Educación Física y dar clases en escuelas, en los años 70 inició su camino como formador. Su entrega fue tal que incluso le costó relaciones personales. «Tuve que elegir entre el fútbol o ella, y elegí el fútbol», confesó con la honestidad de quien sabe que su destino estaba marcado por la pelota. Esa pasión lo llevó a recorrer otros puntos del país, pero siempre con el imán de Las Varillas y el «Globo» tirando más fuerte.
El legado en las manos de sus alumnos
Hoy, ya jubilado pero con la firme promesa de que «hasta que muera estaré en Huracán», Luque mira con orgullo el presente. Su mayor satisfacción es ver a sus «niños» triunfando en el país, e incluso dirigiendo hoy la primera división del club.
Para Pichi, el fútbol no fue un trabajo, fue la forma que eligió para vivir, educar y dejar una huella imborrable en el deporte varillense.