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«Sentirse útiles»: la superación de las personas con discapacidad en Fundación Aneley

En el Centro de Día Agustín Frandino, las personas con discapacidad transforman su realidad a través del trabajo. Una muestra de que, cuando hay espacio y apoyo, las barreras desaparecen por completo.

Hay momentos que te cambian la perspectiva, y cruzarse con los integrantes de la Fundación Aneley en Las Varillas en la plaza el pasado viernes fue uno de ellos. No era solo una venta de plantas, artesanías y galletitas; era la culminación de un proceso de esfuerzo, aprendizaje y, sobre todo, de identidad comunitaria

 

El valor de ser protagonistas a través del esfuerzo

Es importante destacar que en el Centro de Día Agustín Frandino, la discapacidad no es un límite, sino el punto de partida para nuevos desafíos. A través de talleres de huerta, carpintería, elaboración de galletitas y folclore, los chicos encuentran mucho más que una actividad: encuentran un propósito de vida.

Al hablar con ellos, lo primero que se percibe no es la dificultad, sino el entusiasmo. Ese Ese sentimiento de sentirse útiles, de saber que su trabajo tiene un valor y que la sociedad lo reconoce, es el motor que fortalece su autoestima y los integra verdaderamente a nuestra comunidad local.

Un espacio de contención y vuelo en la sociedad

Por otra parte, la labor de la Fundación Aneley en Las Varillas resulta fundamental en estos tiempos. No solo brindan un techo o una merienda; brindan las herramientas para que cada persona desarrolle su máximo potencial. El equipo que los acompaña entiende que la verdadera inclusión no es solo «estar», sino «hacer» y «participar» activamente.

Verlos en la plaza, interactuando con los vecinos y mostrando los frutos de sus manos, nos recuerda que una sociedad sana es aquella que le da lugar a todos. Gracias a espacios como el Centro de Día Agustín Frandino, hoy Las Varillas es lugar más justo y humano.

Porque al final del día, todos buscamos lo mismo: sentir que lo que hacemos importa. Y para los chicos, cada planta vendida y cada aplauso en el folclore es la confirmación de que son, por derecho propio, parte esencial de nuestro pulso urbano.